“Perdí mi casa y dinero,
como una sombra fui de aquí para allá,
extranjero en mi propia ciudad”
No me llamen masoquista, si vuelvo a insistir en el tema. Es sólo una manera de explicarme lo que me pasa, de desmenuzar y machacar, machacar hasta que lo asuma. De mitigar la decepción. De confirmar que, crea lo que crea, digan lo que digan, a veces parece que todo me pasa a mí. Llevo 4 años bregando con enfermedad, jueces, hijos, trabajo y relaciones egoístas. Soy fuerte, pero estoy ahora un poco cansada de serlo, porque parece que ser una mujer fuerte es una excusa para que todo el mundo te agarre a putazos.
“Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía”
El martes me confirmó el ortopedista que, por la medicina de la tiroides, no puedo hacer las cosas que me hacen feliz: brincar, correr, subir y bajar, caminar; que tenga cuidado con caerme porque me puedo fracturar un hueso y que, además, van a limpiarme las rótulas porque están astilladas. ¡Vaya cosa! Y yo que pensé que sólo mi corazón era de cristal, que era la única parte de mi cuerpo astillada y en mal estado, y por eso lo había guardado, entre algodones, en una caja de plomo con la cerradura oxidada.
“Me falta una verdad, me sobran cien excusas,
qué borde es la ansiedad, que pérfidas las musas
que nimban a cualquier pelanas con su foco,
que cobran alquiler, con tangas y a lo loco”
Me prometí a mi misma, hace 10 años, no volver a abrirla, para cuidar lo que de cordura se encontraba en ella. Me prometí no volver a entregar, tan ciegamente, algo tan frágil como el cristal. Pero, apareció la llave maestra, en manos de alguien a quien, en principio, dudé que fuera el cerrajero adecuado. Sin embargo, me permití tratar y abrí la caja un poco, al principio, y completamente después
.“Y yo allí con mi flor
como un gilipollas, madre
y yo allí con mi flor
como un gilipollas”
Magia, era magia y, por lo tanto, fugaz y engañosa. Se me olvidó que los magos no aparecen nada, que sólo son trucos para engañar al ojo, al humano y al del alma. Que quien se permite creer en los trucos, con el tiempo, va descubriendo la trampa y, cada día, se transforma en un ser humano un poquito más triste, un poco más sólo y menos, cada vez menos, ingenuo
“¿Quién dijo que hoy es múltiplo de antes,
y el ego un envidioso malcriado,
qué maldición separa a los amantes
que no se han olvidado,
quién podrá resolver la cuadratura
de esta regla de tres con calentura?”
En la escuela, yo no fui muy buena en matemáticas ni en física. Pero aprendí a sumar y a distinguir que, uno y uno no dan tres, que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo. También he aprendido a distinguir la verdad, de la mentira y que insultar la inteligencia debería ser un crimen de lesa humanidad. Sin embargo, a la hora de poner en práctica, no bastan las lecciones para acallar a ese que “malvive de pensión en mi corazón”.
“Cada mañana salto de la cama
pisando arenas movedizas,
cuesta vivir cuando lo que se ama
se llena de ceniza”
Me sentí capaz de cometer locuras, la primera vez. Me sentí capaz de darlo todo, la primera vez.. Cuando las cosas se pusieron feas y pedí un poquito de comprensión, escuché “si no te gusta como soy, me voy y que seas feliz”.
“Setenta veces siete lo intenté, si me largo
para siempre es porque no puedo más,
no tengo nada que perder
sólo el miedo a la soledad.
Me temo que esta vez es el fin,
adiós amor…”
La primera vez me fabricó la caja: cansada de dar, sin recibir, eché mano de los trozos rotos del cristal de mi corazón. Me busqué un buen pegamento y traté de recomponerlo. Pero faltaba un pedazo muy grande, el pedazo ese que hace falta para confiar de nuevo. Como no pude hallarlo por ninguna parte, decidí vivir sin él. Y, a partir de entonces, me dediqué a saltar de flor en flor, de cama en cama. ¿Era feliz? Pues bueno, lo que se puede esperar en esos casos. Sin embargo, arriesgarse y saltar sin red a veces es muy, muy doloroso. Así que hice lo mejor que pude y me divertí bastante, en la seguridad que esa superficialidad me brindaba.
“Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama”
Pero abrí la condenada caja porque creí que había encontrado el pedazo que me faltaba. Era mentira, era una vulgar imitación en plástico. Esta vez, que espero y me propongo será la última, en vez de escuchar “si no te gusta como soy…”, me espetaron un “si no eres capaz de respetar lo que te pedí, entonces te deseo que seas muy feliz”. Gran cosa, escuchar más o menos lo mismo diez años después.
“Este Land Rover aparcado en tu puerta,
la rueca de Penélope en el Luna Park,
este sueño que sueña que se despierta,
esta caracola muerta,sin la gramola del mar”
Se me pidió, como a Penélope, tejer tapices mientras Ulises se debatía contra el canto de una sirena (más bien, de una morsa). Pero Penélope no existe, es un trozo de mitología sospechosa y mal contada. Aquello que originó la petición, ni siquiera es una versión original. Resulta tan inverosímil como las versiones de Disney. Suena a olvido y a mentiras. A pretextos y a excusa para huir al compromiso de decir palabras de amor, cuando en verdad no las contiene.
“Esta sala de espera sin esperanza,
estas pilas de un timbre que se secó,
esta mala ventura, esta contradanza,
este tráiler de mudanzas,
con los muebles del amor.
Resulta que ahora tengo que disculparme, por hacer una comparación, cuando me adornaron la frente con una comparación más odiosa. Con una comparación de más baja categoría. Dicen que el que grita tiene más miedo, pero llegar incluso a decírmelo a través de una máquina (el móvil) y no en persona, es demasiado. Me condenaron al silencio y a la espera, por un error que no cometí yo. En todo este asunto, la que ha recibido faltas de respeto y nula empatía, he sido yo, y ni siquiera me concedieron el derecho a saber, el derecho a quejarme, el derecho a lamentarme o a pedir explicaciones.
Puedo ponerme humilde y decir
que no soy el mejor
que me falta valor para atarte a mi cama,
puedo ponerme digno y decir
“toma mi dirección cuando te hartes de amores
baratos de un rato… me llamas”
Pero el “asunto” que siempre tenía que arreglar , y por el que me escamoteaba el tiempo, tiene el nombre de una mujer, que nos conoció como pareja y, aún así , no tuvo la suficiente dignidad para hacerse a un lado, reprimir su egoísmo y no echar a perder lo que teníamos ambos. Es, en resumidas cuentas, ese “amor barato”, de la canción que precede a este párrafo. Y a ella, la pobrecita, no hay que tocarla, porque está feliz y porque no es tan fuerte como yo. Aunque ella, la “feliz pobrecita”, sólo se fijó en él hasta que me conoció y, luego, ha tratado de demostrar que es mejor que yo, porque es más joven y porque… su enorme ego y gran complejo la hace competir conmigo, estúpidamente porque, lo único que tiene para ofrecer es alcohol y su cuerpo.
“Y por las calles va solo el corazón
sin un mal beso que llevarse a la boca
y sopla el viento frío de la humillación
envileciendo cada cuerpo que toca”
Y él, precisamente él, que me engañó con ella, que me dijo mentiras, me pidió más tiempo para ver que decidía. Como si el mundo tuviera que parar por que sus “sufrimientos” son más importantes. Él, precisamente él, que se comportó más indignamente que ella, se ofendió porque le recuerdo el lugar en el que él mismo se puso. Negándome toda posibilidad de dolerme por lo que me haicieron. Y todo porque yo “soy fuerte”. ¿Qué le hace pensar que soy tan fuerte como para aguantar la humillación, la indignación y el engaño? ¿Qué le hace creer que no soy humana? ¿Qué la duda, la incertidumbre me son ajenas? ¿Qué le hace pensar que el desamor pasa de largo, sin tocarme?
Esta necesidad de necesitarte,
este llamarte sin quererte llamar,
este olvidarme del deber de olvidarte,
este lunes, este martes
y el miércoles que vendrá.
Le he buqué la cara durante todo ese tiempo. Me cansé de hablar con su contestadora. Cuando finalmente decidió hablar conmigo, de prisa como siempre, lo que hizo fue vomitarme el mal que me habían estado haciendo a mis espaldas. Pero aguanté, puedo entender un error y perdonar el engaño, porque en la balanza de las cosas, eran más buenas que malas. Eso me ha costado escuchar, de todos aquellos que escuchan o leen esta historia, el que me digan que soy una idiota y una masoquista, que no vale la pena, que si no tengo dignidad, que no gaste energía que necesito para recuperar mi salud. La parte racional de mi cabeza, me dicen que es cierto, la parte irracional del corazón, no me decía nada. Se limitaba a recordarme la angustia, a través de un dolor punzante en el costado.
.“Yo no quiero calor de invernadero,
yo no quiero besar tu cicatriz.
Yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin ti.Lo que yo quiero corazón cobarde,
es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres,
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren”
¿Dónde quedaron sus palabras? Frases como: eres lo mejor que me ha pasado; el problema no eres tú; no quiero perderte; te quiero mucho; no te preocupes, que no te dejaré; quiero contar contigo, pase lo que pase; todo está bien; te necesito; voy para allá; vente conmigo al barco; gracias nena; que parte de “tú no eres el problema”, no entendiste; yo no voy a hacerte lo que te hicieron antes; es que no quiero cargar tu mochila con más piedras porque ya tienes suficientes problemas; me voy y me alcanzas en París, yo te mando el boleto; cuídate; no es que no me interese lo que haces. Si hubieran sido ciertas, se hubiera plantado como un hombre a defender lo que ama, desde un principio. Si hubieran sido ciertas, lo hubiera demostrado después.
“pero ya no era ayer sino mañana
y un insolente sol,
como un ladrón entró por la ventana”
Para mi desilusión, para la falta de tacto, para la nula atención a mis sentimientos y la negativa de caminar en mis zapatos una sola vez, me cambió las frases. Después fueron: el número telcel que usted marcó, no se encuentra disponible por el momento, favor de llamar más tarde; dejé su mensaje cuando escuche el tono; estoy arreglando un asunto; estoy con mi jefa; no puedo; te llamo mañana; te confirmo al ratito; porque te haces esto; quiérete un poco; estoy dando clase; hoy es imposible; no creo poder hoy tampoco; dame un poquito de chance; espera a que te llame; tengo que hacer muchas cosas; estoy acostumbrado a resolver mis problemas solo; ni mi mamá se pone así; y si viviéramos juntos y faltara a la casa un mes ¿Qué harías?; te llamo mañana; te pedí tiempo; no me presiones; no me compares con alguien de categoría tan baja; si no puedes respetar lo que te pido, entonces que seas muy feliz.
“No abuses de mi inspiración, no acuses a mi corazón
tan maltrecho y ajado que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz se filtra la desolación
de saber que estos son los últimos versos que te escribo,
para decir "con dios" a los dos nos sobran los motivos”
Hoy, por ejemplo, hubiera sido bueno que, en lugar de hablar con mensajes en el celular, hubiera venido a mí a decirme que todo estaba bien, que podía contar con él. A final de cuentas era todo lo que pedía. Pero no entendió, ni quiere entender, ni le importa, que tener un equipaje enorme de experiencias parecidas cuenta, y cuenta mucho. Que cuando uno cree que lo que ama corre peligro de perderlo, es capaz de todo. Que las palabras no cuentan si no van acompañadas de acciones que las avalen. Hoy, por ejemplo, de haber sido un hombre, en vez de un cobarde, en vez de amenazarme y estarme insultando, hubiera podido venir a terminar , como empezó: de frente y sin recovecos. Pero no, al parecer en eso estuvo el error: en pensar que era hombre y no un enano mamarracho, ignorante y fatuo.
“Porque siempre hubo clases y yo soy el hombre invisible
que una noche soñó un imposible parecido al amor.
Porque el mundo es injusto, chaval,
pero si me provocan yo también sé jugarme la boca,
que te voy a contar”
Ahora resulta que el ofendido es él, que el único que puede quejarse es él. Que yo, debo estar calladita y en un rincón, retorciéndome por su indiferencia. Indiferencia que, por cierto, me preocupaba hasta antes de saber la clase de alimaña que era en realidad: desde luego hay cosas que salen del vientre de algunas madres y que hubiera sido mejor no engendrarlas. Es más fácil hacerse el ofendido que asumir la parte de responsabilidad que le toca en todo este asunto.
“Quien coño me ha robado el mes de abril como pudo sucederme a mí”
¿Era eso el amor que decía sentía por mí? No, eso era afecto mugre y barato. Era sólo experimentar que se sentía salir conmigo. ¿Qué clase de amor es ese, que nos condena a aguantar y a permanecer en silencio? Afortunadamente, mis dos hijos varones no serán, en la larga cadena de imbéciles que pululan por estos lugares, raros especímenes que respeten y sean honestos.
Es que yo no sé amar a plazos, a cuenta gotas. Yo no sé olvidar tan fácilmente, mis afectos son duraderos. Yo no sé amar de un día para otro, pero tampoco sabía dejar de amar instantáneamente. Hoy aprendí a hacerlo. Por más que me juzguen masoquista, por más que me juzguen idiota; por más que piensen que no tengo dignidad ni orgullo. Me va a costar algo de tiempo volver a confiar en alguien, pero no pienso condenar a todos, sólo porque me encontré a un bichejo miserable.
Me levanto, bostezo, vivo, almuerzo, me lavo, silbo , invento, disimulo, salgo a la calle, fumo, estoy contento, busco piso, hago gárgaras, calculo, me emborracho, trasnocho, llego tarde, duermo de lado, hablo conmigo, lloro, leo un libro, envejezco, voy al baile, sudo tinta, suspiro, me enamoro, llueve, me abrazan, no doy pie con bola, anochece, me compro una camisa, este verso no pega ni con cola, de consejos me rasco, tengo prisa.
Tengo granos, discuto, me equivoco, busco a tientas, no encuentro, me fatigo, me olvido de quien soy, me vuelvo loco, hace frío, amanece, sumo y sigo, escupo, voy al cine, me cabreo, escribo, me suicido, resucito, afirmo, niego, grito, dudo, creo, odio, amo, acaricio, necesito, te recuerdo, te busco, te maldigo, digo tu nombre a voces, no te veo, te amo, ya no se lo que me digo
te deseo, te deseo, te deseo, te deseo..
Por el torrente de emociones, el raudal de sentimientos, la agonía, la espera y el conocimiento: Hoy cierro nuevamente la caja, esta vez le pongo triple cerradura y guardo la llave, donde el que lo merezca pueda alcanzarla. Me rehúso a sentir esto de nuevo, por cualquier imbécil . A estar imaginando, pensando o preocupándome por un imbécil. A luchar por ése imbécil. A ser fiel y a darlo todo por nada… o casi nada.
Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
estos ojos no lloran más por ti.
ALGUNA VEZ ME DEDICARON ESTE VERSO DE SABINA, HOY , TAMBIÉN, ME DEDICO EL ANTERIOR:
Que el maquillaje no apague tu risa
Que el equipaje no lastre tu alas
Que el calendario no venga con prisas
Que el diccionario detenga las balas.
En relidad, y con orgullo: SOY FUERTE, ESTOY ENTERA Y LO PUEDO TODO
Please be patient I´m still working on the translation