MI PRIMER POEMA ERÓTICO
“A nombre propio declaro
que me gusta saberme mujer
frente a un hombre que se sabe hombre…”
Gioconda Belli
que me gusta saberme mujer
frente a un hombre que se sabe hombre…”
Gioconda Belli
I
Desnudo, frente a mí, eres perfecto
festín a mis ojos regalado,
perfume, al alcance de mi aliento,
de madera en un sueño almibarado.
Te toco y al contacto de mis dedos
despierta el botón de tu deseo
que beso anticipándome al encuentro
de un nuevo continente inexplorado.
Mis labios han probado de la copa
que guarda los secretos de la alcoba:
es dulce el sabor de tu entrepierna
y salado está el cielo de mi boca
Jinete y montura al mismo tiempo,
sudores que se abrasan en el fuego
galopas al compás de mi jadeo
y estallan caracolas en el viento.
Desnudo, frente a mí, eres perfecto
festín a mis ojos regalado,
perfume, al alcance de mi aliento,
de madera en un sueño almibarado.
Te toco y al contacto de mis dedos
despierta el botón de tu deseo
que beso anticipándome al encuentro
de un nuevo continente inexplorado.
Mis labios han probado de la copa
que guarda los secretos de la alcoba:
es dulce el sabor de tu entrepierna
y salado está el cielo de mi boca
Jinete y montura al mismo tiempo,
sudores que se abrasan en el fuego
galopas al compás de mi jadeo
y estallan caracolas en el viento.
II
Para un ateo convencido e irreverente
condenado para siempre al descontento
de dioses y gurús, vanos derviches,
lo más cercano al cielo de fetiches
sería sentir un cuerpo hospitalario
sobre el propio monte de ritos funerarios
En comunión con los más bajos instintos
(que por bajos son, mayormente, interesantes)
abandonar reglamentos limitantes
sumergirse en recovecos tan distintos
donde los códigos se nos hagan imposibles
y los deseos, escondidos, realizables
Si las cuentas del rosario fueran besos
y de tu cuerpo los misterios escondidos
-la saliva, piel, sudores- fueran rezos
yo sería un pagano arrepentido,
con la fe solo puesta en la pasión
postrado eternamente en oración
condenado para siempre al descontento
de dioses y gurús, vanos derviches,
lo más cercano al cielo de fetiches
sería sentir un cuerpo hospitalario
sobre el propio monte de ritos funerarios
En comunión con los más bajos instintos
(que por bajos son, mayormente, interesantes)
abandonar reglamentos limitantes
sumergirse en recovecos tan distintos
donde los códigos se nos hagan imposibles
y los deseos, escondidos, realizables
Si las cuentas del rosario fueran besos
y de tu cuerpo los misterios escondidos
-la saliva, piel, sudores- fueran rezos
yo sería un pagano arrepentido,
con la fe solo puesta en la pasión
postrado eternamente en oración
III
Un lenguaje común y subversivo
que nos tienda algún puente levadizo,
que tu voz sea el conjuro del hechizo
que aprisiona al deseo adormecido
Que mi lengua sea tuya, mío tu cuerpo.
Que se vean humedecidos los silencios.
Que los hados del amor derramen versos
que acompasen y nos lleven de la mano
Que las horas de la noche pasen lentas,
que de estrellas sea el adorno de la cama.
Que el destino nos reúna, en las auroras,
con lujuria incendiándonos la sábana
Y al abrigo del instinto satisfecho,
aquel lenguaje común y subversivo,
recomience explorando el mismo techo
y culmine en un deseo renacido.

