LIDIANDO CON LA CONFUSIÓN
Propia y ajena
Si es que tenía que haberlo aprendido antes: las grandes decisiones nos llevan a asumir riesgos y consecuencias igualmente grandes.
Y digo esto porque, desde hace un tiempo, la vida se está encargando de ponerme cosas en el camino, en un intento para que yo la escuche. El intento no ha sido vano, el problema radica que, mientra mi voz interior me pide una cosa…el ruido externo me reclama con mil cosas diferentes, que nada tienen que ver con lo que en este preciso momento quiero y necesito. Gran parte del ruido proviene de las voces que me urgen a caminar, trabajar, comprar, vestir, comer,, discutir, defenderme, proveer (ésta, por ejemplo, me reclama a gritos). Tengo una migraña espiritual espantosa.
Hay una voz, sin embargo, que reclama con más fuerza. Una voz que me viene del otro lado del mundo y que, no por lejana, no haga sentir su presencia en cualquier momento del día. La voz tiene un rostro (fotográfico, por el momento) y no tiene sonido…al menos el que se escucha con los oídos. Esta voz se escucha leyendo.
Y a pesar de que esta voz no adquiere una forma concreta, pues cómo puedo describir lo que cabalmente no comprendo , es una voz que busco entre todas las otras voces que leo.
Parece mentira que, a mis años, todavía siga esperando que alguna botella, de tantas que navegan , me traiga un tesoro secreto.