“NO HAY NOSTALGIA PEOR, QUE AÑORAR LO QUE NUNCA JAMÁS SUCEDIÓ”
PARA¨GILBERTO, ALGUIEN A QUIEN CONOZCO DESDE HACE MUCHO, PERO QUE RECIÉN HE DESCUBIERTO.
Sabina, nuevamente, para ayudarme a explicar lo que pasa por mi historia
Sí, ya sé que están pasando muchas cosas en el mundo, y en mi patria, sobre las que vale la pena escribir. Ya sé, también, que le prometí a Hernán otro post para pensar.
Sin embargo, como mi vida se está convirtiendo en, lo que llaman nuestros vecinos del norte, un “three ring circus”, y como al parecer estoy destinada por no sé que hado (maligno o benigno, según sea el caso) a que, durante los meses que van de abril a junio, a encontrar, o a reencontrar relaciones que, o me sacan de balance, o me catalizan la existencia, o me ayudan a pasar algunos puentes. Pues eso, que recurro, nuevamente a Sabina, para digerir y tener claro, esta repetición de circunstancias, que no de personaje, que me está pasando en estos momentos.
“Siempre que la muerte viene tras mi pista me escapo por pies, hay que espabilarse si eres trapecista y saltar sin red”
Tengo una amiga española, a quien conocí en Japón, que salió mucho tiempo con un muchacho. El tipo en cuestión, además de inteligente y muy guapo, era muy simpático. Todo iba bien, hasta que al fulano se le aproximó la hora de regresar a su país. Entonces, de la noche a la mañana, terminó la relación con mi amiga, bajo el argumento de que era muy difícil mantener una relación a distancia y de que no quería “herirla” a final de cuentas. Yo concordé con él en ese aspecto (aunque nunca se lo dije), y cuando mi amiga me decía que ella era lo suficientemente fuerte como para disfrutar la relación, el tiempo que durase y recuperarse, cuando ésta terminara; que lo importante era saltar sin red y vivir lo que tenemos, en el momento en que se nos presenta, no pude menos que pensar que estaba arriesgando demasiada salud mental en ello y que corría el peligro de obsesionarse con esa relación.
No sabía que la primavera duraba un segundo, yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.
El tipo terminó con ella, seis meses antes de regresar a su país. Esto,nos permitió a mi amiga y a mí, además de comernos todo el helado de chocolate de Tsu (la ciudad donde vivíamos), el hacernos más unidas y el aprender la una de la otra, una gran cantidad de cosas útiles sobre relacionarnos con otros. A mi amiga, además, le permitió conocer, con el tiempo, al que ahora es su marido. Yo, aprendí de ella, que vale más disfrutar las cosas y a las personas, cuando se tienen, sin preguntarse por un futuro que no llega y sin desperdiciarlas, a preguntarnos que hubiera pasado si hubiéramos sido un poco más valientes para arriesgarnos a entregar el corazón, aunque fuera un poco.
El tiempo es un microbús ue solo cruza una vez esta breve y absurda comedia… ¿Por qué comerse un marrón cuando la vida se luce poniendo ante ti un caramelo?
Cabe decir que, cuando viaje a Japón, con la beca, recién me había separado del padre de mis hijos, con un saldo de inseguridades y con el deseo de instalarme en una zona de confort donde ningún sobresalto pudiera tocarme. Vano intento, porque en la vida nunca pasan las cosas por “coincidencia”. Después de un tiempo, ahí mismo en Tsu, fui presentada con un amigo del que ahora es su esposo (ya para entonces, ambos eran pareja). El amigo de ellos fue una de las “coincidencias” de las que estoy hablando. También él venía de una relación fallida y, además, tenía más miedo que yo a relacionarse, a pesar de que entre ambos había una fuerte atracción y muchísimas coincidencias. Salimos un tiempo, hasta que me dijo: “Eres maravillosa, pero… yo es que no te quiero lastimar, no tengo clara mi vida y estoy tan confundido que me temo que voy a lastimarte”. Entonces, y para que aprenda a no decir “de esta agua no has de beber”, fui yo la que compró los galones de helado de chocolate y las dos cucharillas, con las que mi amiga y yo compartimos, otra vez, la cosa esa de meterse en relaciones del tipo “Not now”. De esa experiencia aprendimos, además de que a los jeans les sienta fatal las depresiones curadas con helado, que no se pueden forzar las coincidencias, ellas solas siguen sus reglas, las entienda uno o no. Y bueno, el final de ésa historia fue que, seguimos amigos y tuvimos que ver, ambos, como el uno y la otra se enredaban con gente a la que no le importaba durar unas semanas o un par de noches juntos.
Pero un día retiraron las mesas y hasta otro verano las mejores promesas son esas que no hay que cumplir”
Sin embargo, un día antes de que regresara a México, el “Not now” galán, me invita a cenar y me regala una despedida, que no voy a relatar o me clausuran el blog, por obsceno. Con el tiempo, y después de mantener contacto por email, el fulano viene y me escribe “debí pasar más tiempo, contigo, debí arriesgarme, etc.”. Y yo, pensé… “debí insistir un poco más en vez de quedarme mirando”. Pero como decimos aquí, el hubiera no existe y yo, por todo esto, me prometí nunca más instalarme en la seguridad y tener miedo de cualquier experiencia que me haga sentir…bien o mal, pero que me haga sentir.
Otra vez a perder un partido sin tocar el balón porque el mundo es injusto chaval pero si me provocan yo también sé jugarme la boca que te voy a contar
Después, mientras vivía en Estados Unidos, conocí a otro hombre maravilloso y se repitió, más o menos la historia. Sólo que esta fue más larga y, en ella, no hay arrepentimiento ninguno, porque esta vez cumplí mi promesa y me permití a arriesgarme. De esa experiencia, puedo decir que él se convirtió en un hermano para mí y que me alegra mucho verlo (o más bien leerle), casado y feliz, compartiendo conmigo, en la distancia, la felicidad que transmite en sus líneas. Afortunadamente, otra coincidencia (no muy positiva, es cierto, pero muy oportuna), me hizo regresar a casa y enfrentarme con muchas broncas de salud, familiares, de trabajo y económicas. Ya yo les he hablado de ellas y no tiene caso que se las repita.
Me afanaron hasta el marco creyendo que era Art Decó… Y aprendí que estar quebrado no es el infierno de Dante ni un currículo brillante a lámpara de Aladino Cuando me hablan del destino cambio de conversación.
En México, ya yo les he contado mi último intento de relación estable con el “enano mental”. Por eso es que, después de eso, me había mantenido muy atenta y en relaciones que no me tuvieran metida en arenas movedizas. Iba y venía, sola como he estado, prácticamente, diez años, pero acompañándome de “cierto especial en ciertos momentos”
Bajo el sol que me apuñala vivo sin patria ni dueño como el aire lo regalan y el alma nunca la empeño con las sobras de mi sueño me sobra para comer.
Pues bueno, así estaba yo, antes de descubrir a alguien a quien ya conocía de hace tiempo. Resulta que ése alguien y yo, formamos parte de un grupo grande de personas con el mismo interés. Los dos estamos en un grupo, los dos vivimos en el extranjero. Los dos tuvimos que regresar, no en las mejores condiciones y los dos hemos estado trasegando con aquello del homesick a la inversa. La cosa es que, de un tiempo a esta parte, el amigo y yo hemos compartido un par de reuniones y parece que ambos compartimos, además, el gusto del uno por el otro. Por mi parte, yo he descubierto que es un tipazo. De hecho tiene conquistadas a mis amigas que ya le han conocido. A mí, por supuesto, me encanta. Sin embargo, hay algo que me desconcierta…
Las 4 y media, no me harás usar contigo
la estrategia habitual.
Pues, verán, si bien es cierto que cuando yo llamo, no me dice que no y que cuando nos vemos las cosas entre nosotros parecen fluir sin ninguna dificultad, pues la pasamos riendo la mayor parte del tiempo y que, además, percibo que le gusto y él a mí… pues lo que no entiendo es ¿Por qué siempre tengo que llamarle yo? Y vamos, que el problema no es llamar, sino que a veces creo que lo atosigo y que, al final, voy a terminar por cansarle. Entiendo que quizá para él, este no sea el momento más adecuado para preocuparse por llamarle a alguien, con todo lo que tiene porque preocuparse (trabajo, carrera, etc). Pero bueno, es que, por un lado a mí se me tiene contenta con cosas muy sencillas y, por otro, aunque yo tenga un criterio amplio y sea de mente muy abierta, no acostumbro estar tonteando, especialmente si ya he salido más de tres veces con alguien. “Formal” o no, “compromiso” o no, acostumbro salir sólo con una persona a la vez. Y con esto no quiero decir que, en este momento, esté esperando una relación “formal” o que necesite especialmente, un compromiso. Es sólo que, para sentir que no molesto y, por tanto, tener la confianza de seguirle invitando, porque quiero verlo, debo ver cierta correspondencia. Y lo de menos es para qué: para un café, para dar la vuelta y platicar. Y vamos, como tontear, no tendría problema si se tratara de otra persona. Pero él no es alguien como para tontear porque sí. Yo creo que él merece más respeto que eso.
Que importa que nos acabemos de conocer así podrá el azar jugar también su papel.
Igual no se ha dado cuenta que, lo que está pasando respecto a regresar al propio país, después de vivir tanto tiempo en el extranjero, y sentirte un extraño en tu cultura, extranjero en tu propia patria. Que regresar en las condiciones que regresó, me son ajenas. Pues no, creo que es un error de apreciación. Hay veces que, yo misma, considero a México como una aspiradora, que en cuanto caigo en sus “garras”, me limita los horizontes. Y entonces, extraño la vida que llevaba fuera: la libertad de hacer y la posibilidad de verlo realizado. El no tener que tronarme los dedos cada fin de mes. La impotencia de ver, como todo lo que llegaste ahorrar fuera, se te escapa entre los dedos porque lo has tenido que utilizar en cosas en las que no habías planeado. Sentir que, en el trabajo soy sobrevalorada y que no tengo la oportunidad de hacer algo más, porque las condiciones no me lo permiten. Que no he pasado por momentos en los que he estado, francamente, deprimida y llena de autocompasión, justa o imaginaria, por las injusticias de que he sido objeto , mismas que me obligaron a permanecer aquí y que me obligan a permanecer en un trabajo que, aunque quiera mucho, siento ya limitado, sin retos para lo mucho que me esforcé fuera por aprender prepararme. Tener la certeza de que los éxitos que tuve fuera, sólo me importaron a mí, porque a nadie más le interesa saberlos, ya no digamos reconocerlos.
Pero algunas veces sueño que viajo en uno de esos sucios trenes que iban hacia el norte
No, no me son ajenos esos sentimientos, ni el deseo de que, por fin, me vuelva a pasar algo que me saque de la rutina de vivir aquí. Por eso lo entiendo perfectamente y, si pudiera, agarraría mis maletas, mis niñas y me largaría, sin dudarlo, bien lejos de aquí…pero no puedo, no en este momento… .
De que voy a lamentarme bulle la sangre en mis venas cada día al despertarme me gusta resucitar. A quien quiera acompañarme le cambio versos por penas.
Pero bueno, quizá para mí era momento de regresar y reconsiderar lo que quiero para el futuro. De hacerme fuerte y recuperar mi salud, cobijada por mi familia. Y en eso, creo que tenemos otra coincidencia.
Deja el abrigo y ven hay sitio para los dos y nada va a pasar que no queramos los dos
Y por todas esas “coincidencias”, y por ser el ser humano que descubrí que es, no entiendo porque a veces parece que se conforma con verme cuando la casualidad, o mi iniciativa, nos reúne. Igual es que piensa que no va a estar mucho tiempo por aquí, pues a fin de cuentas el tenía ya planes para volver al extranjero. Igual se trata de otro maravilloso “Not now”, que voy a perderme por el miedo, real o imaginario, a lastimarme.
¿De verdad parezco tan frágil? Yo creo que no.
Si quieres irte ahora bajo a abrirte el portal perdí ya tantas noches, una más que más da.
La cosa es que, mientras esté aquí, no quiero ir a abrirle el portal. La cosa es que me gustaría que, el tiempo que se quede aquí, permita arriesgarse un poco conmigo y que deje que yo me arriesgue con él. Sin preocuparnos por lo que va a sucedernos en el futuro, porque a fin de cuentas, es algo que nadie puede prevenir y algún día llegará, lo queramos o no.
Porque comadre los duelos son menos duelos con risas y los ardores con visa y los licores con hielo y el corazón a deshoras.
La cosa es que, como mi amiga española, en este preciso momento, lo que importa es disfrutar el tiempo que tenemos, sin importar cuanto sea, y que sepa que soy lo suficientemente fuerte como para disfrutar una relación, el tiempo que dure y recuperarme, cuando termine. Que lo importante es saltar sin red y vivir lo que tenemos, en el momento en que se nos presenta. La cosa es que yo sólo estoy ofreciendo compañía, por el momento. Pero igual yo estoy contando con que él piensa, respecto a mí, aunque sea un poco lo que yo pienso de él. Quizá, como dice Judito san, hay que construir un andamiaje y yo, lamentablemente, no sé hacerlo calladamente… No sé como hacerle ver lo que dice Sabina, en “A la orilla de la chimenea”: Y si quieres, también puedo ser tu trapecio y tu red tu adiós y tu ven tu manta y tu frío
O tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazado a una duda en mitad de la calle y desnuda
O tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.
“NO HAY NOSTALGIA PEOR, QUE AÑORAR LO QUE NUNCA JAMÁS SUCEDIÓ”