10/05/2007

NINGUNA ETERNIDAD COMO LA MÍA

“- ¿A chingadazos quieres que nos llevemos?- preguntó Corzas con la sonrisa como un aguinaldo.
-No- contestó Isabel- Ni te odio ni te tengo tanta confianza.
-Pues que lástima- dijo el poeta. La confianza y el odio son dos de los tres vicios que genera el amor. Y eso sí que me gustaría provocarte.
- Cuál es el tercer vicio- preguntó Isabel fingiendo que no escuchaba la última frase.
- La terquedad- dijo Corzas-. La más dañina.”
ANGELES MASTRETTA “NINGUNA ETERNIDAD COMO LA MÍA”

 

            Juega a la “aventura, pero sin apostar, sin comprometer ni un miligramo del corazón. Sin entregar el alma,  Aventurándose, por ineptitud, a llevar al límite a los demás. Y luego están la justificación y el echarle la culpa a los demás. Jugando aquello de “Mira lo que me hiciste hacer”.
¿Cómo será una vida sin pasión? ¿Qué se sentirá estar instalado en la comodidad, cuando nada sobresalta? ¿Cuál es la justificación para vivir así, cual pequeño burgués, en constante estado de coma?
 Pues no, no lo entiendo. No entiendo eso de ser humano a medias. Personalmente preferiría  saltar de un puente, si supiera que mi vida no va a tener sorpresas, que se me va a inmovilizar el temperamento y que, nunca más, algo me hará gritar, enfadarme, hacer tonterías, investigar, escribir, amar, desear o apasionarme.
Pero él juega a ser “diferente” y se aventura en terrenos donde sus experiencias de yuppie mexicano no le valen, no le sirven. Y juega sucio, juega sintiendo que es tan, pero tan especial, que los demás debemos saltar en cuanto él diga “¡Rana! Espera que los demás paremos nuestras vidas, sólo porque se le ocurre aparecer de vez en cuando.
 Y juega peligrosamente, porque es como un niño con un arma. Juega a lo tonto y exige reglas que él sabe perfectamente que no va a poder cumplir. Y cuando ya no le gusta el giro que el juego ha tomado, gracias a su egoísmo y su ineptitud, entonces como los niños, agarra sus canicas y se larga.
Será verdad que, como dice Prudencia Migoya (también personaje de Mastretta)  “cuando los hombres inventan irse de repente, cuando pasan sin aviso de la adoración al desapego, es cuando ven a su mujer más crecida de lo que soportan… Prefiere irse él primero que quedarse a esperar cuándo te vas”
Es cierto que hay gente para todo. Lo que no puedo entender es cuál es la función que cumplen este tipo de personas. Esas que, si no piensas como ellos o no adivinas- y cumples- sus caprichos te llaman inmadura, loca o, en el peor de los casos, una cualquiera.
Es cierto, soy una mujer cualquiera, ni mejor ni peor que nadie. Sigo arriesgándome a tener arrebatos: creativos y estúpidos, Me doy licencia para equivocarme y me permito todo lo que me haga feliz, incluyendo el cobijar, de vez en vez, a ciertas  personas: ya sea en mi corazón (ésas por mucho tiempo), ya sea en mi cama (brevemente las más de las veces).
 Pero yo sí juego limpio: no engaño a nadie, asumo las consecuencias de mis actos,  doy la cara y no llevo a la gente al extremo (a menos que lo merezcan). Tengo mis límites claros que, con el tiempo, se van haciendo más estrechos en algunas cosas, o más amplios, en otras.
  Y no tolero, bajo ninguna circunstancia, que me quieran ver la cara de tonta, o me repitan las cosas que ya me hicieron pensando que soy estúpida o que no tengo memoria.  No aguanto que piensen que puede disponer de mi tiempo, porque es sólo mío y, si lo doy será porque yo así lo deseo. Tampoco tolero, por ningún motivo, que traten de jugar con mi autoestima o con mi orgullo. Doy el corazón muy rápido, pero igualmente rápido lo retiro  y la mayoría de las veces, para siempre.
No me arrepiento de nada: de lo que digo y de lo que hago, porque después de tres veces, no hay excusa que valga y yo no tengo tiempo que perder.
Por eso, nuevamente, quiero hacer mías las palabras de Mastretta:
“ME COMPROMETO A VIVIR CON INTENSIDAD Y REGOCIJO, A NO DEJARME VENCER POR LOS ABISMOS DEL AMOR, NI POR EL MIEDO QUE DE ÉSTE ME CAIGA ENCIMA, NI POR EL OLVIDO, NI SIQUIERA POR EL TORMENTO DE UNA PASIÓN CONTRARIADA. ME COMPROMETO A RECORDAR, A CONOCER MIS YERROS, A BENDECIR MIS ARREBATOS. Me comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. LARGA VIDA PROMETO, LARGA PACIENCIA, HISTORIAS LARGAS. Y NADA ABREVIARÉ QUE DEBA SUCEDERME. NI LA PENA NI EL ÉXTASIS, PARA QUE CUANDO SEA VIEJA TENGA COMO DELEITE LA DETALLADA HISTORIA DE MIS DÍAS.”
Dicen, con mucha razón, que las rosas no se hicieron para los cerdos y que habla quien quiere pero logra el que puede y trabaja para ello.
               
Posted by Lupita Munguía at 08:08:16 | Permanent Link | Comments (0) |
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