Otra vez, la nueva casa
En ambos blogs es donde estoy con más frecuencia.
En este, del pirata cojo, entro ya muy poco. Agradezco los nuevos comentarios que han hecho aquí y prometo contestarles a todos lo más pronto posible.
En ambos blogs es donde estoy con más frecuencia.
En este, del pirata cojo, entro ya muy poco. Agradezco los nuevos comentarios que han hecho aquí y prometo contestarles a todos lo más pronto posible.
Propia y ajena
Si es que tenía que haberlo aprendido antes: las grandes decisiones nos llevan a asumir riesgos y consecuencias igualmente grandes.
Y digo esto porque, desde hace un tiempo, la vida se está encargando de ponerme cosas en el camino, en un intento para que yo la escuche. El intento no ha sido vano, el problema radica que, mientra mi voz interior me pide una cosa…el ruido externo me reclama con mil cosas diferentes, que nada tienen que ver con lo que en este preciso momento quiero y necesito. Gran parte del ruido proviene de las voces que me urgen a caminar, trabajar, comprar, vestir, comer,, discutir, defenderme, proveer (ésta, por ejemplo, me reclama a gritos). Tengo una migraña espiritual espantosa.
Hay una voz, sin embargo, que reclama con más fuerza. Una voz que me viene del otro lado del mundo y que, no por lejana, no haga sentir su presencia en cualquier momento del día. La voz tiene un rostro (fotográfico, por el momento) y no tiene sonido…al menos el que se escucha con los oídos. Esta voz se escucha leyendo.
Y a pesar de que esta voz no adquiere una forma concreta, pues cómo puedo describir lo que cabalmente no comprendo , es una voz que busco entre todas las otras voces que leo.
Parece mentira que, a mis años, todavía siga esperando que alguna botella, de tantas que navegan , me traiga un tesoro secreto.
http://incombustible.blogspot.com
Porque este blog me está resultando muy personal y para que sea más fácil encontrar los poemas que aquí he escrito.
Pues he mudado algunas cosas de aquí. Lo cual no significa que vaya a abandonar este blog. De hecho, pienso que este blog es como un coctél: lleno de cosas que pasan en mi día a día, de escritos y de intentos de literatura más seria.
En fin, que allá encontraran algunas cosas que, pretendo, tendrán un carácter más literario. Así que, por favor, si tienen tiempo sean tan amables de echarle un vistazo y dejarme un comentario.
PD:
A uno que extraño mucho, por aquí y en su blog, es a Hernán. Espero se encuentre bien y que siga compartiendo su talento con todos nosotros.
III
Un lenguaje común y subversivo
que nos tienda algún puente levadizo,
que tu voz sea el conjuro del hechizo
que aprisiona al deseo adormecido
Que mi lengua sea tuya, mío tu cuerpo.
Que se vean humedecidos los silencios.
Que los hados del amor derramen versos
que acompasen y nos lleven de la mano
Que las horas de la noche pasen lentas,
que de estrellas sea el adorno de la cama.
Que el destino nos reúna, en las auroras,
con lujuria incendiándonos la sábana
Y al abrigo del instinto satisfecho,
aquel lenguaje común y subversivo,
recomience explorando el mismo techo
y culmine en un deseo renacido.
VIOLENCIA INTRAFAMILIAR
Lamento mucho tener que escribir esto aquí. Y no es porque no sea importante, ni porque no sea de interés.
LO QUE PASA ES QUE ENCABRONA MUCHÍSIMO DEJAR DE SER PERSONA….PARA CONVERTIRSE EN UNA ESTADÍSTICA.
El día 30 de octubre, justo en el cumpleaños de mi hija, aparece su padre a altas horas de la noche, llevándole de regalo dos películas piratas…
Cuando se le quiere decir que pase, que la seguridad de mi hija y de mi casa, no está a su disposición. Que en su casa manda él, pero en la mía yo…. se pone violento, me insulta (borracha, prostituta, drogadicta). Se tiene entonces que montar el numerito de patrulla y policías y él, como el cobarde que es, sale corriendo a esconderse,, junto con la fulana con la que vive (y a quien también mantengo, por órdenes judiciales) en la azotea de su casa.
De ahí sólo bajaron a jalonearme, a provocarme un esguince y a patearme. Y si no ha sido porque una amiga me acompañó y que los policías estaban abajo, igual me tiran por las escaleras.
Desde luego que me fui a levantar una demanda porque, a mí, ningún hijo de puta me levanta la mano y se queda tan tranquilo.
¿Por qué se los estoy contando? Pues porque sé que en México (y en casi todo el mundo), las mujeres aguantan golpes, insultos y vejaciones, calladitas dentro de su casa , viviendo con miedo eternamente. Y porque, si acaso se quejan, no las bajan de tontas, dejadas y que “se lo merecen”.
PUES NO, NINGUNA MUJER MERECE SER HOSTIGADA FÍSICA, EMOCIONAL, PSICOLÓGICA O SEXUALMENTE.
NINGUNA MUJER MERECE DEJAR DE SER LA PERSONA QUE ES, PARA CONVERTIRSE EN UN NUMERITO MÁS EN LA ESTADÍSTICA DE VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA FAMILIAR.
NINGUNA MUJER MERECE SER CALIFICADA DE “TONTA”, PORQUE TIENE MIEDO
A ellas, a las heroínas que sostienen un hogar, durmiendo al mismo tiempo con el enemigo, les dejo estas direcciones.
¡YA BASTA! SI HAY AYUDA PARA NOSOTRAS Y NO ESTAMOS SOLAS:
http://www.nuestraedad.com.mx/violenciaintrafamiliar.htm
(excelente página y tiene un grupo de autoayuda online)
Línea Vida sin violencia (EN MÉXICO):
01 800 911 2511
La nostalgia…
La nostalgia, madre amorosa del desconsuelo, se infiltra en la rutina de los días iguales al de ayer, al de hoy, al de mañana. Se agazapa en cada cuadro, en el aroma del café, entre las notas de una canción, en cada voz, a contraluz en las fotografías. En su crueldad infinita, aunque amorosa, te asalta con su arsenal de recuerdos: guijarros empedrándote el camino que, a tropezones, te humedecen la vista y te oprimen el pecho.
Ávida, hambrienta de recuerdos nuevos, la nostalgia se presenta en los peores momentos: en la fila del mercado, cuando lavas las ventanas, cuando hablas por teléfono. Liándote un cigarrillo, de memorias y de sueños, te lo fumas lentamente y entre las volutas de humo se pierde tu pensamiento.
Visitante inoportuna, descortés huésped que distrae tu atención, que demanda de tu tiempo, que invade el nocturno silencio y te ametralla de voces, de lugares, de personas y de afectos. Inquilina que incomoda, que te sigue en cada paso, que machaca un sonsonete de envejecidos espejos para mirar al pasado, donde mora acompañada de tus profundos anhelos.
Piensas que la has enterrado bajo el peso de un proyecto. Piensas que la has ahuyentado conociendo otro hechicero. Piensas que la has olvidado, cuando emigras a otros puertos. Pero pronto, todo eso, se convierte en armamento: los proyectos, en rutina; el hechicero, en recuerdo y el puerto en uno más de tus incontables destierros.
Sin embargo, en tiempos revueltos, cuando la rutina amenaza con quitarte los deseos; cuando el desamor, como buitre, sobrevuela el corazón; cuando la mediocridad salitrosa consume todo lo bello, la nostalgia, madre amorosa del desconsuelo, es una amiga que te sostiene en sus brazos, volviendo alados tus sueños.
Para…bueno, él sabe que este poema es suyo: a pesar de la distancia.
ESTRENADOS EN LA “EXPOTUNA” 150 FERIA DE LA FERIA DE LAS FLORES DE SAN ÁNGEL (CIUDAD DE MÉXICO)
“Siempre que la muerte viene tras mi pista me escapo por pies, hay que espabilarse si eres trapecista y saltar sin red”
Tengo una amiga española, a quien conocí en Japón, que salió mucho tiempo con un muchacho. El tipo en cuestión, además de inteligente y muy guapo, era muy simpático. Todo iba bien, hasta que al fulano se le aproximó la hora de regresar a su país. Entonces, de la noche a la mañana, terminó la relación con mi amiga, bajo el argumento de que era muy difícil mantener una relación a distancia y de que no quería “herirla” a final de cuentas. Yo concordé con él en ese aspecto (aunque nunca se lo dije), y cuando mi amiga me decía que ella era lo suficientemente fuerte como para disfrutar la relación, el tiempo que durase y recuperarse, cuando ésta terminara; que lo importante era saltar sin red y vivir lo que tenemos, en el momento en que se nos presenta, no pude menos que pensar que estaba arriesgando demasiada salud mental en ello y que corría el peligro de obsesionarse con esa relación.
No sabía que la primavera duraba un segundo, yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.
El tipo terminó con ella, seis meses antes de regresar a su país. Esto,nos permitió a mi amiga y a mí, además de comernos todo el helado de chocolate de Tsu (la ciudad donde vivíamos), el hacernos más unidas y el aprender la una de la otra, una gran cantidad de cosas útiles sobre relacionarnos con otros. A mi amiga, además, le permitió conocer, con el tiempo, al que ahora es su marido. Yo, aprendí de ella, que vale más disfrutar las cosas y a las personas, cuando se tienen, sin preguntarse por un futuro que no llega y sin desperdiciarlas, a preguntarnos que hubiera pasado si hubiéramos sido un poco más valientes para arriesgarnos a entregar el corazón, aunque fuera un poco.
El tiempo es un microbús ue solo cruza una vez esta breve y absurda comedia… ¿Por qué comerse un marrón cuando la vida se luce poniendo ante ti un caramelo?
Cabe decir que, cuando viaje a Japón, con la beca, recién me había separado del padre de mis hijos, con un saldo de inseguridades y con el deseo de instalarme en una zona de confort donde ningún sobresalto pudiera tocarme. Vano intento, porque en la vida nunca pasan las cosas por “coincidencia”. Después de un tiempo, ahí mismo en Tsu, fui presentada con un amigo del que ahora es su esposo (ya para entonces, ambos eran pareja). El amigo de ellos fue una de las “coincidencias” de las que estoy hablando. También él venía de una relación fallida y, además, tenía más miedo que yo a relacionarse, a pesar de que entre ambos había una fuerte atracción y muchísimas coincidencias. Salimos un tiempo, hasta que me dijo: “Eres maravillosa, pero… yo es que no te quiero lastimar, no tengo clara mi vida y estoy tan confundido que me temo que voy a lastimarte”. Entonces, y para que aprenda a no decir “de esta agua no has de beber”, fui yo la que compró los galones de helado de chocolate y las dos cucharillas, con las que mi amiga y yo compartimos, otra vez, la cosa esa de meterse en relaciones del tipo “Not now”. De esa experiencia aprendimos, además de que a los jeans les sienta fatal las depresiones curadas con helado, que no se pueden forzar las coincidencias, ellas solas siguen sus reglas, las entienda uno o no. Y bueno, el final de ésa historia fue que, seguimos amigos y tuvimos que ver, ambos, como el uno y la otra se enredaban con gente a la que no le importaba durar unas semanas o un par de noches juntos.
Pero un día retiraron las mesas y hasta otro verano las mejores promesas son esas que no hay que cumplir”
Sin embargo, un día antes de que regresara a México, el “Not now” galán, me invita a cenar y me regala una despedida, que no voy a relatar o me clausuran el blog, por obsceno. Con el tiempo, y después de mantener contacto por email, el fulano viene y me escribe “debí pasar más tiempo, contigo, debí arriesgarme, etc.”. Y yo, pensé… “debí insistir un poco más en vez de quedarme mirando”. Pero como decimos aquí, el hubiera no existe y yo, por todo esto, me prometí nunca más instalarme en la seguridad y tener miedo de cualquier experiencia que me haga sentir…bien o mal, pero que me haga sentir.
Otra vez a perder un partido sin tocar el balón porque el mundo es injusto chaval pero si me provocan yo también sé jugarme la boca que te voy a contar
Después, mientras vivía en Estados Unidos, conocí a otro hombre maravilloso y se repitió, más o menos la historia. Sólo que esta fue más larga y, en ella, no hay arrepentimiento ninguno, porque esta vez cumplí mi promesa y me permití a arriesgarme. De esa experiencia, puedo decir que él se convirtió en un hermano para mí y que me alegra mucho verlo (o más bien leerle), casado y feliz, compartiendo conmigo, en la distancia, la felicidad que transmite en sus líneas. Afortunadamente, otra coincidencia (no muy positiva, es cierto, pero muy oportuna), me hizo regresar a casa y enfrentarme con muchas broncas de salud, familiares, de trabajo y económicas. Ya yo les he hablado de ellas y no tiene caso que se las repita.
Me afanaron hasta el marco creyendo que era Art Decó… Y aprendí que estar quebrado no es el infierno de Dante ni un currículo brillante a lámpara de Aladino Cuando me hablan del destino cambio de conversación.
En México, ya yo les he contado mi último intento de relación estable con el “enano mental”. Por eso es que, después de eso, me había mantenido muy atenta y en relaciones que no me tuvieran metida en arenas movedizas. Iba y venía, sola como he estado, prácticamente, diez años, pero acompañándome de “cierto especial en ciertos momentos”
Bajo el sol que me apuñala vivo sin patria ni dueño como el aire lo regalan y el alma nunca la empeño con las sobras de mi sueño me sobra para comer.
Pues bueno, así estaba yo, antes de descubrir a alguien a quien ya conocía de hace tiempo. Resulta que ése alguien y yo, formamos parte de un grupo grande de personas con el mismo interés. Los dos estamos en un grupo, los dos vivimos en el extranjero. Los dos tuvimos que regresar, no en las mejores condiciones y los dos hemos estado trasegando con aquello del homesick a la inversa. La cosa es que, de un tiempo a esta parte, el amigo y yo hemos compartido un par de reuniones y parece que ambos compartimos, además, el gusto del uno por el otro. Por mi parte, yo he descubierto que es un tipazo. De hecho tiene conquistadas a mis amigas que ya le han conocido. A mí, por supuesto, me encanta. Sin embargo, hay algo que me desconcierta…
Las 4 y media, no me harás usar contigo
la estrategia habitual.
Pues, verán, si bien es cierto que cuando yo llamo, no me dice que no y que cuando nos vemos las cosas entre nosotros parecen fluir sin ninguna dificultad, pues la pasamos riendo la mayor parte del tiempo y que, además, percibo que le gusto y él a mí… pues lo que no entiendo es ¿Por qué siempre tengo que llamarle yo? Y vamos, que el problema no es llamar, sino que a veces creo que lo atosigo y que, al final, voy a terminar por cansarle. Entiendo que quizá para él, este no sea el momento más adecuado para preocuparse por llamarle a alguien, con todo lo que tiene porque preocuparse (trabajo, carrera, etc). Pero bueno, es que, por un lado a mí se me tiene contenta con cosas muy sencillas y, por otro, aunque yo tenga un criterio amplio y sea de mente muy abierta, no acostumbro estar tonteando, especialmente si ya he salido más de tres veces con alguien. “Formal” o no, “compromiso” o no, acostumbro salir sólo con una persona a la vez. Y con esto no quiero decir que, en este momento, esté esperando una relación “formal” o que necesite especialmente, un compromiso. Es sólo que, para sentir que no molesto y, por tanto, tener la confianza de seguirle invitando, porque quiero verlo, debo ver cierta correspondencia. Y lo de menos es para qué: para un café, para dar la vuelta y platicar. Y vamos, como tontear, no tendría problema si se tratara de otra persona. Pero él no es alguien como para tontear porque sí. Yo creo que él merece más respeto que eso.
Que importa que nos acabemos de conocer así podrá el azar jugar también su papel.
Igual no se ha dado cuenta que, lo que está pasando respecto a regresar al propio país, después de vivir tanto tiempo en el extranjero, y sentirte un extraño en tu cultura, extranjero en tu propia patria. Que regresar en las condiciones que regresó, me son ajenas. Pues no, creo que es un error de apreciación. Hay veces que, yo misma, considero a México como una aspiradora, que en cuanto caigo en sus “garras”, me limita los horizontes. Y entonces, extraño la vida que llevaba fuera: la libertad de hacer y la posibilidad de verlo realizado. El no tener que tronarme los dedos cada fin de mes. La impotencia de ver, como todo lo que llegaste ahorrar fuera, se te escapa entre los dedos porque lo has tenido que utilizar en cosas en las que no habías planeado. Sentir que, en el trabajo soy sobrevalorada y que no tengo la oportunidad de hacer algo más, porque las condiciones no me lo permiten. Que no he pasado por momentos en los que he estado, francamente, deprimida y llena de autocompasión, justa o imaginaria, por las injusticias de que he sido objeto , mismas que me obligaron a permanecer aquí y que me obligan a permanecer en un trabajo que, aunque quiera mucho, siento ya limitado, sin retos para lo mucho que me esforcé fuera por aprender prepararme. Tener la certeza de que los éxitos que tuve fuera, sólo me importaron a mí, porque a nadie más le interesa saberlos, ya no digamos reconocerlos.
Pero algunas veces sueño que viajo en uno de esos sucios trenes que iban hacia el norte
No, no me son ajenos esos sentimientos, ni el deseo de que, por fin, me vuelva a pasar algo que me saque de la rutina de vivir aquí. Por eso lo entiendo perfectamente y, si pudiera, agarraría mis maletas, mis niñas y me largaría, sin dudarlo, bien lejos de aquí…pero no puedo, no en este momento… .
De que voy a lamentarme bulle la sangre en mis venas cada día al despertarme me gusta resucitar. A quien quiera acompañarme le cambio versos por penas.
Pero bueno, quizá para mí era momento de regresar y reconsiderar lo que quiero para el futuro. De hacerme fuerte y recuperar mi salud, cobijada por mi familia. Y en eso, creo que tenemos otra coincidencia.
Deja el abrigo y ven hay sitio para los dos y nada va a pasar que no queramos los dos
Y por todas esas “coincidencias”, y por ser el ser humano que descubrí que es, no entiendo porque a veces parece que se conforma con verme cuando la casualidad, o mi iniciativa, nos reúne. Igual es que piensa que no va a estar mucho tiempo por aquí, pues a fin de cuentas el tenía ya planes para volver al extranjero. Igual se trata de otro maravilloso “Not now”, que voy a perderme por el miedo, real o imaginario, a lastimarme.
¿De verdad parezco tan frágil? Yo creo que no.
Si quieres irte ahora bajo a abrirte el portal perdí ya tantas noches, una más que más da.
La cosa es que, mientras esté aquí, no quiero ir a abrirle el portal. La cosa es que me gustaría que, el tiempo que se quede aquí, permita arriesgarse un poco conmigo y que deje que yo me arriesgue con él. Sin preocuparnos por lo que va a sucedernos en el futuro, porque a fin de cuentas, es algo que nadie puede prevenir y algún día llegará, lo queramos o no.
Porque comadre los duelos son menos duelos con risas y los ardores con visa y los licores con hielo y el corazón a deshoras.
La cosa es que, como mi amiga española, en este preciso momento, lo que importa es disfrutar el tiempo que tenemos, sin importar cuanto sea, y que sepa que soy lo suficientemente fuerte como para disfrutar una relación, el tiempo que dure y recuperarme, cuando termine. Que lo importante es saltar sin red y vivir lo que tenemos, en el momento en que se nos presenta. La cosa es que yo sólo estoy ofreciendo compañía, por el momento. Pero igual yo estoy contando con que él piensa, respecto a mí, aunque sea un poco lo que yo pienso de él. Quizá, como dice Judito san, hay que construir un andamiaje y yo, lamentablemente, no sé hacerlo calladamente… No sé como hacerle ver lo que dice Sabina, en “A la orilla de la chimenea”: Y si quieres, también puedo ser tu trapecio y tu red tu adiós y tu ven tu manta y tu frío
O tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazado a una duda en mitad de la calle y desnuda
O tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.
“NO HAY NOSTALGIA PEOR, QUE AÑORAR LO QUE NUNCA JAMÁS SUCEDIÓ”
Juega a la “aventura, pero sin apostar, sin comprometer ni un miligramo del corazón. Sin entregar el alma, Aventurándose, por ineptitud, a llevar al límite a los demás. Y luego están la justificación y el echarle la culpa a los demás. Jugando aquello de “Mira lo que me hiciste hacer”. ¿Cómo será una vida sin pasión? ¿Qué se sentirá estar instalado en la comodidad, cuando nada sobresalta? ¿Cuál es la justificación para vivir así, cual pequeño burgués, en constante estado de coma? Pues no, no lo entiendo. No entiendo eso de ser humano a medias. Personalmente preferiría saltar de un puente, si supiera que mi vida no va a tener sorpresas, que se me va a inmovilizar el temperamento y que, nunca más, algo me hará gritar, enfadarme, hacer tonterías, investigar, escribir, amar, desear o apasionarme. Pero él juega a ser “diferente” y se aventura en terrenos donde sus experiencias de yuppie mexicano no le valen, no le sirven. Y juega sucio, juega sintiendo que es tan, pero tan especial, que los demás debemos saltar en cuanto él diga “¡Rana! Espera que los demás paremos nuestras vidas, sólo porque se le ocurre aparecer de vez en cuando. Y juega peligrosamente, porque es como un niño con un arma. Juega a lo tonto y exige reglas que él sabe perfectamente que no va a poder cumplir. Y cuando ya no le gusta el giro que el juego ha tomado, gracias a su egoísmo y su ineptitud, entonces como los niños, agarra sus canicas y se larga. Será verdad que, como dice Prudencia Migoya (también personaje de Mastretta) “cuando los hombres inventan irse de repente, cuando pasan sin aviso de la adoración al desapego, es cuando ven a su mujer más crecida de lo que soportan… Prefiere irse él primero que quedarse a esperar cuándo te vas” Es cierto que hay gente para todo. Lo que no puedo entender es cuál es la función que cumplen este tipo de personas. Esas que, si no piensas como ellos o no adivinas- y cumples- sus caprichos te llaman inmadura, loca o, en el peor de los casos, una cualquiera. Es cierto, soy una mujer cualquiera, ni mejor ni peor que nadie. Sigo arriesgándome a tener arrebatos: creativos y estúpidos, Me doy licencia para equivocarme y me permito todo lo que me haga feliz, incluyendo el cobijar, de vez en vez, a ciertas personas: ya sea en mi corazón (ésas por mucho tiempo), ya sea en mi cama (brevemente las más de las veces). Pero yo sí juego limpio: no engaño a nadie, asumo las consecuencias de mis actos, doy la cara y no llevo a la gente al extremo (a menos que lo merezcan). Tengo mis límites claros que, con el tiempo, se van haciendo más estrechos en algunas cosas, o más amplios, en otras. Y no tolero, bajo ninguna circunstancia, que me quieran ver la cara de tonta, o me repitan las cosas que ya me hicieron pensando que soy estúpida o que no tengo memoria. No aguanto que piensen que puede disponer de mi tiempo, porque es sólo mío y, si lo doy será porque yo así lo deseo. Tampoco tolero, por ningún motivo, que traten de jugar con mi autoestima o con mi orgullo. Doy el corazón muy rápido, pero igualmente rápido lo retiro y la mayoría de las veces, para siempre. No me arrepiento de nada: de lo que digo y de lo que hago, porque después de tres veces, no hay excusa que valga y yo no tengo tiempo que perder. Por eso, nuevamente, quiero hacer mías las palabras de Mastretta: “ME COMPROMETO A VIVIR CON INTENSIDAD Y REGOCIJO, A NO DEJARME VENCER POR LOS ABISMOS DEL AMOR, NI POR EL MIEDO QUE DE ÉSTE ME CAIGA ENCIMA, NI POR EL OLVIDO, NI SIQUIERA POR EL TORMENTO DE UNA PASIÓN CONTRARIADA. ME COMPROMETO A RECORDAR, A CONOCER MIS YERROS, A BENDECIR MIS ARREBATOS. Me comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. LARGA VIDA PROMETO, LARGA PACIENCIA, HISTORIAS LARGAS. Y NADA ABREVIARÉ QUE DEBA SUCEDERME. NI LA PENA NI EL ÉXTASIS, PARA QUE CUANDO SEA VIEJA TENGA COMO DELEITE LA DETALLADA HISTORIA DE MIS DÍAS.” Dicen, con mucha razón, que las rosas no se hicieron para los cerdos y que habla quien quiere pero logra el que puede y trabaja para ello.